Premio a la mejor construcción monumental de La Paz, 1972.
La Parroquia Corazón de María, ubicada en la Avenida Bush N.º 1873 en Miraflores, La Paz, está conformada por dos cúpulas troncocónicas de generatriz coseno hiperbólico enfrentadas, sobre una superficie útil de 540 m². En 1972 fue galardonada con el premio a la mejor construcción monumental por los «Amigos de la Ciudad».
La geometría troncocónica da a las cáscaras una doble curvatura en cada punto, lo que las hace resistentes al pandeo localizado.
Las cáscaras se construyeron con la técnica del fibrocemento: un encofrado de cemento reforzado sobre el que se vierte el hormigón armado, dando como resultado cáscaras nervadas con el encofrado de hormigón visto en su interior. La concepción arquitectónica, el diseño estructural y la construcción fueron realizados íntegramente por el ingeniero boliviano Mario Galindo Rojas. La cubierta se completa con dos pequeñas cáscaras adicionales, también troncocónicas, no nervadas.
En su geometría se esconde el dominio del polígono funicular y de la geometría descriptiva para plantear un cilindro troncocónico de generatriz en coseno hiperbólico, junto a la solución de las ecuaciones diferenciales a derivadas parciales que gobiernan el comportamiento tenso-deformacional de las cáscaras, ramas de las matemáticas en las que el ingeniero Mario Galindo Rojas era un experto.
El artífice que impulsó la construcción fue el padre Pedro Riaño, quien consiguió los fondos necesarios solo con limosnas y donaciones. La Parroquia es el resultado de la decisión conjunta del padre Riaño y del ingeniero Galindo de hacer, en la total adversidad, una obra dedicada a Dios.
La obra quedó inconclusa cuando el padre fue trasladado al pueblo de Bolívar: debía pintarse de blanco inmaculado por dentro y por fuera, los bancos tenían un diseño especial, la torre tenía que ser más alta y estaba diseñada una escultura de Jesucristo que nunca llegó a esculpirse. Aun así, lo más importante pudo construirse y es una realidad que perdurará por muchos siglos.
Al maestro Florentino López, quien dirigió a los obreros de la construcción; al picapedrero Pedro Argote, que esculpió todas las piedras del muro inferior en una obra de arte sin precedentes; y al artista y arquitecto boliviano Ricardo Pérez Alcalá, quien ayudó en innumerables detalles y pintó varios cuadros de la parroquia que guardamos celosamente. Las manos esculpidas que sostienen el tabernáculo son las de doña Victoria Queralt de Galindo, esposa del ingeniero.
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